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Ver el color
Ver el color El sistema visual humano responde a la parte más
pequeña del espectro electromagnético que se
encuentra entre 380 y 760 nanometros(véase la
ilustración 1). No obstante, no responde de manera
uniforme.

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Ilustración 1

Con la misma potencia de salida en cada longitud de onda, el sistema visual ve la región amarilla-verde como la más intensa y las regiones roja y azul como las más amortiguadas. Por este motivo entre fuentes de luz de igual eficiencia, una con más intensidad en el área amarilla-verde tendrá mayor eficacia visual, es decir, mayor número de lúmenes por vatio. No obstante, sin una proporción razonable de rojo o azul, una fuente de luz no podrá reproducir los colores satisfactoriamente.

El modo en que vemos el color depende de las longitudes de onda emitidas por la fuente de luz, las longitudes de onda reflejadas por el objeto, el entorno en el que vemos el objeto y las características del sistema visual. Nuestra concepción del color de un objeto es un proceso muy dinámico, en cambio constante. Depende de los colores que rodean al objeto, del tiempo en que nuestra visión está expuesta a la escena, de lo que hemos mirado antes, de lo que esperamos ver y quizá de lo que desearíamos ver. A esto hay que añadirle el hecho de que aproximadamente el 8% de la población masculina y el 0,4% de la femenina tiene algún tipo de deficiencia de percepción del color.

Intentar describir con exactitud lo que vemos es muy difícil, puesto que dependemos del lenguaje para describir lo que realmente está en nuestro cerebro. Es complicado visualizar el efecto del color en el espacio, y después especificar el objeto y las fuentes de luz necesarios para obtenerlo.

Colores primarios

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Ilustración 2

La luz y los pigmentos se mezclan de forma distinta para crear colores. Puesto que el sistema visual humano tiene tres sensores de color, es posible tomar tres colores adecuados y generar los demás mezclando estos tres entre sí. Por convención, los colores primarios de luz son rojo, verde y azul. Puesto que generan luz blanca al hacer una mezcla de los tres, la mezcla de color de la luz se denomina "aditiva".

Dos colores primarios de luz pueden combinarse para formar un color secundario, como magenta (rojo y azul), azul verdoso (verde y azul) y amarillo (rojo y verde). Cuando se mezcla un color secundario en proporción adecuada con su primario opuesto, la luz resultante será blanca. Por lo tanto, se considera todo color primario complementario al color secundario producido al mezclar los otros dos primarios. El amarillo y el azul son colores de luz complementarios, como lo son el azul verdoso y el rojo, y el magenta y el verde (Ilust.2).

En el caso de pigmentos, sin embargo, un color primario se define como el que sustrae o absorbe un color primario de luz mientras transmite o refleja los otros dos. Por ejemplo, el pigmento que absorbe luz roja y refleja luz azul y verde se llama azul verdoso. Así, los colores de pigmentos primarios (en ocasiones denominados primarios sustractivos) son el azul verdoso, el magenta y el amarillo (los colores secundarios de la luz).

El aspecto cromático de un objeto o una superficie depende en gran medida de la luz utilizada para iluminarlo. A menudo, la luz diurna se considera el estándar, pero es obvio que el color de la luz diurna cambia con la posición del sol en el cielo, la cantidad de nubes y la dirección del cielo en que se mire, norte o sur. Para especificar el color de una lámpara, debe decidirse en primer lugar el nivel de "calidez" o "frialdad" de luz deseado. Se trata de una decisión totalomente subjetiva. La temperatura de color de la lámpara en Kelvin especifica el grado de frialdad o calidez de la fuente de luz. Otra clasificación de color de las lámparas es su índice de rendimiento cromático (IRC). Las lámparas con un IRC alto suelen tener un aspecto "natural" independientemente de la temperatura de color. Estos dos conceptos se explican con detalle más adelante.